Mi vida ha estado siempre unida a la de los animales. Junto a ellos he sentido mucho amor y, consecuentemente, también he vivido sus enfermedades, así como el duelo por su partida cuando han decidido cruzar el arcoíris.
Precisamente porque conozco perfectamente lo que es amarles en vida y llorarles tras su partida, me encantaría compartir contigo mi experiencia.
Si has perdido a tu peludo o sientes que el momento de su partida se acerca, puedo acompañarte en el doloroso camino que supone el duelo. No has de pasar por esto en soledad: lo haremos juntos.
Mi nombre es Mayte y, aunque soy madrileña, llevo muchos años viviendo en un pueblo de Aragón. Tengo una bonita familia formada por mi marido, mis 2 hijos y mis pequeñas perritas Daria (11 años) y Kira (5 meses), y mi gata Zoe (2 años).
Me encanta la vida rural, ya que tanto a mí como a mis animales nos aporta muchísimo. Disfrutamos juntos de nuestros paseos por el campo y tenemos una vida tranquila y rodeada de naturaleza.
Soy una gran amante de los animales y esto, entre otras cosas, me ha llevado a formarme como Acompañante en el Duelo Animal.
Por otro lado, ocupo el resto de mi tiempo trabajando como artesana de costura creativa y en el mundo de la belleza.
Desde que recuerdo, en mi casa siempre ha habido animales. Probablemente por eso desarrollé mi gran amor hacia ellos, por su naturaleza y también por ayudarles. Cuando en alguna ocasión me he encontrado a algún animal, siempre he volcado mis esfuerzos en darle los cuidados que necesitase en ese momento. Lo mismo me ha pasado con aquellos con los que he convivido, en la protectora en la que he colaborado. Su nobleza me ha parecido siempre algo maravilloso y digno de admiración.
Popi, Candy, Chimo, Boris, Heidi, Tiko, Tika, Negri, Kuki y Chloe… Todos ellos han cruzado ya el arcoíris, he pasado por muchos duelos animales, pero, aun así, me dejan mil recuerdos y habitarán por siempre en mi corazón, ya que han llenado de felicidad todas y cada una de las etapas de mi vida.
Mi pequeña Chloe llegó a nuestras vidas en el 2010 con tan solo 9 meses de vida. Provenía de una protectora cercana a nuestra casa, a la que fuimos a buscarla sin saber que sería ella la que nos eligiese a nosotros, entre todos los perros que había sueltos estuvo todo el rato a nuestro lado, buscando nuestra mano y mirada, llamando nuestra atención , fue muy especial.
Nuestros comienzos juntas fueron algo duros para mí, ya que aunque ella era la perra perfecta, yo no había sanado totalmente el duelo por mi anterior peludo. Chimo había fallecido tan solo 9 meses antes.
Cuando Chloe llevaba solo 3 meses con nosotros, enfermó con una grave infección cerebral. Por suerte, gracias a los cuidados veterinarios, pudo contar con una vida plena en la que nos llenó de amor.
Chloe era pura dulzura y su mirada era única, al igual que lo era ella. Mi vida junto a ella era plena y lo hacíamos todo juntas: paseos, viajes e incluso recoger a los niños del colegio.
Vivimos unos años realmente maravillosos.
En 2022, llegó a nuestras vidas Daria, una preciosa perrita de 8 años procedente de un corral sucio en el que malvivía. En cuanto se vieron, Chloe y Daria se unieron como si hubieran estado juntas desde su nacimiento.
Cuando Chloe contaba ya con 12 años y, tras detectarle unas grietas en sus patas que no se le curaban, iniciamos un proceso de pruebas veterinarias a partir de las cuales le detectaron problemas en el hígado.
A partir de ese momento comenzó un camino muy duro, lleno de altibajos. Con el tiempo, llegaron días en los que Chloe ya no podía andar, pero, aun así, le compramos un carrito especialmente para ella, con el que podíamos seguir dando juntas esos paseos por la naturaleza que tanto le gustaban. Ver cómo su salud empeoraba fue algo realmente muy doloroso. Poco a poco, la enfermedad se empezó a complicar con otras dolencias. Sus riñones comenzaron a fallar y necesitaba que le inyectasen suero primero semanalmente y, más adelante, ya a diario. Necesitaba cuidados especiales durante todo el día, ya que tenía que ayudarla a levantarse y sacarla en brazos. Incluso dormía a su lado por si necesitaba algo durante la noche. Chloe merecía todos mis cuidados… Mi preciosa Chloe.
Durante ese tiempo lloraba a diario al sentir que el momento de dejarla marchar estaba cada vez más cerca, me estaba preparando para el duelo. Realmente no sé de dónde sacaba las fuerzas, pero, mientras Chloe pudiera con todos los tratamientos médicos, yo no podía flaquear.
Poco a poco todo se fue complicando y el tratamiento no le hacía efecto. Tomé la decisión más dura de mi vida, justo cuando sentí que empezaba a sufrir. No podía permitir eso, así que cogí cita con su veterinaria, pero antes nos brindamos la una a la otra el mejor regalo de despedida que teníamos a nuestro alcance.
Esa mañana la llevé al campo para estar con ella en ese lugar que tanto amábamos por última vez. Nos tumbamos en la hierba y nos abrazamos mirando al cielo durante horas. La tarde la pasamos en familia paseándola en su carrito por los lugares que a ella más le gustaban. Cuando regresamos, mi familia se despidió de ella y después la llevé a la veterinaria. La abracé y la besé incansablemente mientras le decía que la quería una y otra vez y que no tuviera miedo, que su mamá estaba con ella. Fue un momento muy duro y extremadamente triste, pero en el que, al mismo tiempo, sentimos mucha paz.
Mi pequeña Chloe cruzó el arcoíris el 12 de abril del 2024. Enterré su cuerpo en el jardín de mi casa.
Ella siempre estará a mi lado: ahora y siempre.